Miquel Vilardell, médico

Recibido de nuestro “documentalista” Eduard !

La Vanguardia “La Contra”(fecha: 10/2/14)

Tengo 67 años. Soy de Borredà y vivo en Barcelona. Soy catedrático de Medicina en la UAB y jefe del servicio de medicina interna del hospital universitario Vall d’Hebron. Estoy casado y tengo dos hijos y cuatro nietos. Soy un liberal respetuoso. Necesito creer.

El doctor Vilardell habla desde sus 40 años de ejercicio de la medicina con indesmayable vocación. Mañana concluye su presidencia del Col•legi de Metges de Barcelona, tras cuatro duros años de gestión y contra las medidas de recortes sanitarios. Sigue desplegando su vocación médica y su labor docente y divulgativa, mediante libros como “Envejecer bien” (ed.Plataforma). Habla con serenidad, imparte sabios consejos y me cita el lema de un amigo médico, Jordi Gol, acerca de qué es estar sano: “Ser autónomo, alegre y solidario”. Pienso en lo maravilloso que es que no te duela nada, y en que se trata de mantenerse así hasta el final. Los consejos de Vilardell ayudan.

A qué edad nos morimos? A los 82 años las mujeres, a los 79 años los hombres. Se trata de llegar a ese final sin depender de otros.

Sin molestar. ¡Eso es ser generoso! Cuidarse y prepararse para no molestar a los demás. “Envejece bien quien ha vivido bien”, dijo Pitágoras. Y vives bien si piensas en los demás. Continua llegint

La soledad y Kafka

Extracto del escrito de J.M. Alimbau en el “Full Dominical” de hoy.

El buen Samaritano

El parque Steglitz de Berlín rezumaba vida en los albores del verano. Un regalo.  A Franz Kafka le absorbía: como una esponja, viajaba con los ojos, arrebataba energías con el alma, perseguía sonrisas entre los árboles. Él también era uno más entre tantos, solitario. Aquel silencio… El llanto fuerte de una adolescente, convulso, repentino, le hizo detenerse. No había nadie. Estaba muy cerca de una muchacha que lloraba de pie, desconsolada, tan angustiada, tan triste, que parecía reunir en su rostro todos los pesares y las congojas del mundo. Kafka miró hacia todos lados. Nadie reparaba en la joven. Pasaban. Estaba sola…Tenían la oportunidad de ser y comportarse como el buen samaritano. Él se quedó sin saber qué hacer, como todos.

Si nos encontramos con alguien que vive solo, que sufre, llora, está angustiado…, hagamos un alto en el camino. Pongámonos a su lado y en silencio acompañémosle y ayudémosle. Repitamos lo que Jesús nos pide al final de la parábola del buen samaritano: “Haz tú lo mismo”  (Lc 10,42).

Sortida de fi de curs al MNAC

Aquesta fi de curs hem fet una sortida lúdica-cultural (gràcies a la sugerència de l’Eduard) i gastronòmica, érem la Collacuidadora i algunes persones dels Grups de Suport.061

Hem visitat una part del Museu Nacional D’Art de Catalunya , el MNAC. El museu ocupa el Palau Nacional, construït en 1929 per a la inauguració de l’Exposició Internacional de Barcelona.

PantocratorEns centràrem a la sala del Romànic medieval, una de les millors col•leccions del món, amb moltes obres magnífiques, la més espectacular la del Pantocràtor de l’Absis de Sant Climent de Taüll (Església consagrada en 1123) fresc traspassat a llenç, una de les obres mestres del romànic europeu. Reconstrucció virtual de l’església de Sant Climent de Taüll  http://pantocrator.cat/

Majestad Batlló

Una altra obra que em va agradar és la Majestat Batlló (anònim), Crist en la Creu que simbolitza el seu triomf sobre la mort, donada per Batlló. Continua llegint

RECUERDOS DE LA INFANCIA

A mí siempre me han gustado los animales, sobre todo los perros y los caballos.

En este relato os cuento que en mi infancia hubo una guerra civil (no se para que sirvió), pasé largas temporadas con mis tíos en Santa Coloma de Gramanet. Ellos tenían una casita cerca del rio Besos y también un terreno donde se cultivaban toda clase de verduras y además tenían un caballo que se llamaba “Pernales”, era blanco con manchas negras (parecía un dálmata) “pero vaya caballo”, sólo le faltaba hablar, me conocía, le decía Pernales hazme una sonrisa y me mostraba sus dientes con cariño, me rechinaba como queriendo decir cosas, le acariciaba y él me ponía su hocico en mi hombro, le pedía la pata y a su manera me la daba y pasaba una cosa curiosa, mientras yo me encontraba dentro de la casa, no se dejaba cepillar por nadie, sólo yo podía hacérselo, mi tío ponía una silla y allí la Montse cepillaba al Pernales.
Cuando mi tío Miguel tenía que labrar la tierra (ya que entonces no había tractores) (hablo de los años 1935 a 1939) al final de remover la tierra, había que alisarla con una tabla ancha, cosa que a mí me gustabas mucho ya que me sentaba en ella y disfrutaba mucho del paseo.

Mi tío de vez en cuando llevaba verduras al Born (Mercado de Abastos de Barcelona en aquel entonces), una vez yo fuí con él en el carro llevado por Pernales. Pero mi asombro mayor fue que mi tío se puso a dormir desde Santa Coloma hasta el mercado, cuando llegamos Pernales hizo un relincho para despertar a mi tío, ya que en ese punto mi tío debía ponerle un morral, en el que comía y mi tío mientras repartía las verduras, luego íbamos a desayunar , cuando terminábamos el desayuno, yo le llevaba un trozo de pan o una zanahoria, la ponía en mi mano y se la comía, cuando la terminaba me daba golpes con el hocico, ya que quería más, pero yo le decía que cuando llegáramos a casa le daría más y con su cabeza moviéndola de arriba abajo me decía sí, yo me reía mucho. Era muy feliz, son los únicos tiempos maravillosos que he vivido en mi infancia.

También tenían gallinas, yo me preguntaba, como podían saber si aquella o la otra gallina iba a poner el huevo. Hasta que observando a mi tía vi que le ponía el dedo en el culo, pues bien cuando no me tenían vigilada cogí por mi cuenta a las gallinas y lo descubrí, otra cosa que aprendí de la vida, de donde venían los huevos. En aquel entonces un huevo era un huevo, un producto muy preciado.
En mis estancias en Santa Coloma aprendí también a conocer las plantas, a querer a la naturaleza, es muy hermosa, ella te enseña sus ciclos, los árboles frutales. También te enseña cómo se deben coger los frutos y como comerlos. Fijaros yo me levantaba muy temprano para ir a coger las ciruelas que caían al suelo que eran picadas por los pajarillos, que ricas, que sabor, después mi organismo se soltaba, pero lo comido, comido estaba. Aprendía que la fruta también tiene su forma de ser comida, ya que por otro lado puede darte sus molestias.
Con los higos me ocurría igual, pero era más modosita, aunque a veces, si veía que no podía cogerlos y tenía hambre de higos, cogía una caña y me las ingeniaba con una piedra en la punta de la caña para hacerlos caer, y comía todos aquellos que me apetecían.

Cuando veía un campo de fresas, no paraba de atarme las alpargatas para así agachándome me hinchaba de comer fresas “aquellas sí que eran buenas” no como las fresas de ahora, bueno ahora se les llaman fresones sin gusto de nada, por lo que se ve se ha perdido la raza de las fresitas aquellas tan buenas que me comía.

¡Cuidad los montes y prados! Muchas gracias.